Con esa premisa, la Escuela Graduada Joaquín V. González (Anexa) viene implementando desde hace años diversas y variadas estrategias de enseñanza, con nuevos formatos y diferentes tipos de agrupamientos de alumnos. Respetar la singularidad, tiempos y formas de cada uno es lo que subyace a un exitoso programa que desde el año pasado incorporó la pareja pedagógica: las cinco secciones de primer grado y las cinco de segundo tienen dos maestras. No hay titular y auxiliar. Dos maestras a tiempo completo que dan clase en equipo.

La cuenta es simple, una cada 15 chicos. Y aunque no se trata de dividirse el aula ni mucho menos, Natalia, Virginia, Tamara, Brenda y Claudia resaltan que “es un formato excelente, porque se puede llegar a todos los niños”. Nada menos. En lo educativo y en lo personal.

También destacan que “siempre hay dos miradas sobre un chico, y ello habilita más oportunidades de vincularse”. No es raro que un niño de 6 años no tenga afinidad con la maestra. En este caso, su compañera se acercará a él. “Se puede responder a muchas más necesidades”, sintetizan las docentes.

La cogestión de la clase permite trabajar en pequeños grupos con mayor continuidad en la intervención

“Permite respetar los ritmos y modos de todos. Una situación de lectoescritura se puede trabajar en grupos”, dicen. Alguien sugiere: se traslada el apoyo escolar al aula, al mismo tiempo y lugar. No se saca a nadie ni se lo aísla.

Pero las maestras de la Anexa subrayan que no sólo se reagrupa en esas situaciones. “Puede pasar que unos traigan un cuento leído y otros no, simplemente”.

La directora Claudia Binaghi y la coordinadora académica Aldana López realzan que “no existe una única forma de transitar la escuela, porque no todos empiezan en marzo desde el mismo lugar”, ejemplifican.

“El formato único de una maestra frente a 30 alumnos, todos aprendiendo lo mismo al mismo tiempo, es anacrónico. Es el aula homogénea sarmientina. Con ese formato, la única forma que la escuela encontró en la Modernidad para reagrupar alumnos fue la repitencia, pensando que los problemas son sólo de aprendizaje y no tienen nada que ver con la enseñanza. La escuela debe asumir la responsabilidad sobre las condiciones de enseñanza, y eso queda más claro aún en el nivel primario”, enfatizan.

En ese contexto, la pareja pedagógica es el último paso adelante que han dado en 50 y 118 con el firme propósito de “democratizar la enseñanza, es decir, garantizar el derecho al saber”.

Para que “incluir con calidad” sea una realidad, partieron de la idea de que “todos aprendemos de distinto modo y a diferente ritmo, y la obligación nuestra, como institución pública de una universidad pública, es atender esa diversidad. Porque el problema no es la diversidad, sino la desigualdad”, disparan Claudia y Aldana.

Investigación académica, la figura de los coordinadores de área, la formación docente permanente y en servicio mediante la facultad de Humanidades y otros especialistas, el ingreso de los docentes por concurso y su evaluación en la escuela, el trabajo en equipo, son algunos de los instrumentos que guían una barco que “disminuyó drásticamente la repitencia y los recuperatorios en febrero (y hasta en diciembre)” manteniendo el mismo nivel o incluso superándolo.

En el marco de la unidad pedagógica que desde 2012 y por resolución del Consejo Federal de Educación forman 1º y 2º grado, otra herramienta que se puso en práctica (también en los años superiores) es la “promoción acompañada”. “Si un alumno no alcanza los objetivos en algunos puntos, tendrá un seguimiento particular al año siguiente, pero seguirá con su grupo”, comenta Claudia Binaghi desde el amplio despacho que comparte con la vicedirectora, Violeta Pesci. Esa práctica la utilizan desde hace tiempo en los países más avanzados en materia educativa.

Tener dos maestras titulares y a tiempo completo por grado implicó un gran esfuerzo. “Una redefinición de las funciones docentes. Por ejemplo, la docente encargada de las láminas pasó a estar frente a un grado junto con una compañera. Y así con otros casos”, describe Aldana López, quien trabaja en la coordinación académica de la Anexa junto a Celeste Carli.

“Consideramos fundamental el fortalecimiento de las prácticas de enseñanza, especialmente las vinculadas con la alfabetización inicial, para democratizar el acceso de nuestros niños a la cultura escrita en sus diversos modos de funcionamiento. No hay que pensar que para lograr aprendizajes equivalentes se requieren enseñanzas similares; hablar de aprendizajes equivalentes no quiere decir que todos tienen que hacer el mismo recorrido. En esto basamos las decisiones de poder generar diferentes tipos de agrupamientos de los alumnos para proponer diversas y variadas situaciones de enseñanza, y no sólo el aula standard”, rematan Claudia, Aldana y las “señoritas de a dos”.

Democracia
“La elección de la directora por las maestras genera convicción, compromiso, porque no se vota a una persona sino a un proyecto”.

Fuente: Convergencias