Inundaciones… que no vuelva a pasar

Por Lis Solé.

Dicen que General Alvear está en un pozo y que los vientos pasan por arriba. Puede ser. Por eso también es que las inundaciones son grandes y perduran en la memoria de quienes las han padecido. Entre los recuerdos más vívidos está la Inundación de mayo de 1957 y con la presencia de fotógrafos como Fragesse y Pacho, ésa fue la más documentada. Muchas de las fotos, tienen la fecha en que fueron tomadas: 27 y 28 de mayo de 1957.

Anteriores a ésa, quedan pocos recuerdos, y bien presente está la inundación del 80 pero, en la del 57, había menos asfalto y medios, y el pueblo así como cada uno en el campo quedó totalmente aislado.

El terraplén del ferrocarril, que tradicionalmente sostuvo el agua que venía desde el arroyo Las Flores colapsó. Primero, cerca de Club Colorados; Marilú Sosa que vivía en el Barrio Obrero, recuerda el ruido del agua cuando pasó el terraplén y ahí: “-Nos inundamos todos”.

Miguel Majluf cuenta que se juntaron las aguas del Piñeyro con las del arroyo Las Flores enfrente de su casa, sobre calle San Martín y Belgrano donde había un jaguel que se transformó en un pozo de un metro de profundidad.

Las casas de material resistían pero en esa época, muchos eran ranchos de barro. La correntada se empezó a llevar los chorizos de los ranchos dejando sólo los esqueletos y Juan Garabenta que estuvo entre los que se organizaron para ayudar, recuerda a las gallinas haciendo equilibrio sobre los alambres pelados de las paredes porque todo se lo llevaba la corriente… Si en el pueblo se sentía, en el campo se padecía en solitario. Algunos vinieron hasta el pueblo en tractor a buscar provisiones y en el día, los caminos de inundaron siendo en algunos casos imposible volver.

Había que estar en la loma… Cuando el agua viene lento se clava un palo, chiquito, y el agua lo rebasa… Se clava otro, y el agua lo vuelve a pasar… El agua cruza cada una de las señales… Y uno se empieza a preocupar de verdad, y se siente la impotencia y el acoso del agua que en horas, inunda todo.

Las maestras rurales tienen muchas historias, todas vivían en el campo en esos tiempos. En la inundación del 57, Elisa Mendiguren de Antelo era maestra en El Peligro, en la escuelita de Digracia que ya no existe. Con Irma Gaviña hicieron el bolso y se pararon en la tranquera casi sin esperanzas y con mucha zozobra. El agua se venía desde Blanca Grande. En eso, pasó “Tatán” Orella que iba a buscar a sus tíos Campón y las alcanzó hasta el pueblo. La calle Urquiza se cubría totalmente de agua y había que calcular donde estaba la calle por los alambrados. El agua pasaba bajo el Puente del Arroyo Las Flores con fuerza tocando la parte de abajo y los tamariscos sostenían el camino a la vez que lo señalaban.

Muchos dicen que en el pueblo -que áun no tenía cuerpo de Bomberos que se crea en 1958-, la ayuda fue organizada por don Antonio Pessotano que en forma eficiente y rápida, distribuyó a los voluntarios en cuadrillas: por el norte Calabria Garabenta, al sur, Antonio Majluf. Los pocos tractores que había salieron todos a la calle: el Someca y el acoplado de Calabria, el tractor Pampa de Carlos Aramendi, el camión de Lafuente... Una de las calles más bajas del pueblo, es la actual Intendente Monti; allí había una canal natural que se llamaba de Rapoza o de Pascuala, en referencia a los vecinos; el mercadito de Pascuala Zappacosta de Sarfield, entre las calles Mitre y Althabe, estuvo abierto por mucho tiempo. En esa esquina del chalet de Sarratea, actual casa de Martín Althabe, el agua pasaba con tanta fuerza que se llevaba hasta los tractores Someca con los que se hacían las ayudas y rescates. De esquina a esquina, pasaban cuerdas adonde se agarraba la gente para poder cruzar.

Esa Calle, Intendente Monti antes Cayetano Rodríguez, fue entubada en el año 1970 por el entonces intendente don Osvaldo Monti, encauzando el agua desde la calle Belgrano hasta la Rivadavia (hoy Papa Francisco) produciendo el rápido desagote del pueblo.

En el año 1990, otra obra cambia la realidad de General Alvear: la defensa contra inundaciones durante la gestión del intendente Aldo Sivero. Una enorme montaña rodea al pueblo y ha dado tranquilidad a la población durante más de veinte años. Dicen que el agua no la va a pasar… Pero, el agua es imparable. Hace poquito, en La Emilia, San Nicolás de los Arroyos, no se realizaron los mantenimientos y las defensas contra inundaciones colapsaron, las bombas fueron insuficientes y todo se inundó.

Hay veces que viendo la improvisación con la que se manejan nuestros representantes, la inquietud da paso al miedo. Y agua hay mucha, aún sin haber casi llovido. Lo que ahora parecen sólo anécdotas sorprendentes durante años provocó la pérdida de las viviendas propias adquiridas con gran esfuerzo y trabajo, y principalmente sensaciones de inestabilidad que se mantienen en el alma y se atoran en la garganta. Proyectos, gestiones e inversiones para prevenir inundaciones son mejores que salir a tontas y a locas tapando agujeros que jamás cerrarán. Ojalá que se estén haciendo seriamente obras… Y que no nos vuelva a pasar.

 

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