Investigan si un grupo de policías encubrió el asesinato de Marisol

La Prensa nacional destaca esta información en sus portales, diarios y noticieros. A esa conclusión llegaron luego de un cónclave entre el juez Melazo y las partes. Hubo fuertes cuestionamientos a la fiscal que instruyó la causa. La víctima fue torturada y quemada con un encendedor de auto en la zona genital.

La historia de Marisol Oyhanart es la de una víctima. También la de un crimen impune. Pese al misterio que todavía hoy, a casi cuatro meses, perdura en Saladillo, el caso ofreció algunas certezas: en las calles de esa ciudad, a la hora de la siesta, una mujer puede desaparecer y su cuerpo recién ser encontrado a la mañana siguiente con rastros de una saña imperdonable.

La otra evidencia, no menos grave, es que la Policía Bonaerense, valiéndose del apuro de una fiscal por esclarecer el hecho, desvió la investigación en perjuicio del descubrimiento de la verdad. Lo que resta saber es si se trató de pura torpeza o de una voluntaria complicidad con el asesino. El martes, en el segundo piso del edificio Concentrador de Oficinas Públicas (ECOP) de Saladillo, hubo un cónclave. Sergio Rachit llegó temprano. Junto a él se acomodaron sus tres hijos y los abogados que lo representan como particular damnificado en el expediente abierto por el brutal homicidio de su esposa. También estuvieron Daniel Morbiducci, patrocinante de los hermanos de la víctima y Rubén Carrazone, defensor de Jonathan Bianchi, único imputado que tiene la causa.

El tráfico en la autopista desde La Plata demoró el arribo del juez César Melazo y el fiscal Marcelo Romero. En lo estrictamente formal, la reunión sirvió para establecer pautas de colaboración entre las partes. Sin embargo, lo que se acordó fue incorporar al expediente nuevas líneas de investigación, contrario a lo actuado por la primera fiscal de la causa, Patricia Hortel, quien había centrado las sospechas en Bianchi, un joven con antecedentes por robo y violencia de género que había tenido la mala idea de mostrarse por la zona donde apareció el cadáver de Marisol.

Para Hortel, el lunes 14 de abril, entre las 15:15 y las 15:30, Marisol, una maestra jardinera de 38 años, salió de su casa para caminar por una zona de taperas, cerca del cruce de las calles Irigoyen e Iraola, hasta que Bianchi, probablemente escondido detrás de una palmera, la interceptó, la golpeó hasta hacerle perder el conocimiento y al fin la mató provocándole una "asfixia por compresión cervical".

Sin embargo, la hipótesis de la fiscal rivaliza con el informe final de la autopsia, que determina la data de muerte entre las 21 del lunes y las tres de la madrugada del martes. "Entre las 5 y las 9 de la noche hay cuatro horas pero si la mataron a las 3 del otro día son diez horas en que la mujer probablemente estuvo con vida en un lugar que todavía no conocemos. Y tampoco sabemos si estuvo ahí de manera voluntaria o si fue retenida o si todo ese tiempo la conservaron muerta hasta que descartaron el cuerpo. Cualquiera sea la opción se necesita de una logística importante de la que Bianchi no es capaz", reflexionó un investigador.

Frente al cuadro de situación, todos en esa oficina de Saladillo coincidieron que no se podía hacer sin la colaboración de la Bonaerense.

ADULTERACIÓN DOLOSA.

En la actualidad, la justicia de La Plata tramita dos expedientes abiertos por el caso de Marisol. Uno que investiga el crimen, y otro que se ocupa de probar la existencia de irregularidades durante la instrucción (delito contra la administración pública) que se originó de oficio luego de las presentaciones de los abogados Walter Vaccarini, Pablo Hawlena Gianotti y Fabio Ferré, que representan al viudo.

Los escritos hablan de una "legítima sospecha sobre la adulteración dolosa del lugar del hecho y/o colocación de elementos para desviar la investigación respecto de la muerte de la víctima". El equipo de abogados, que también recusó a la fiscal Patricia Hortel y al fiscal general Héctor Vogliolo, remarcó que "en el mismo lugar en el que fue hallado el cadáver, antes hubo una gran cantidad de personal de la Policía de la provincia de Buenos Aires realizando reiterados rastrillajes desde las 19 horas del lunes 14 hasta las 4 de la madrugada del martes, aunque sin éxito."

"Lo más alevoso –se queja Vaccarini– es que por orden de alguien los rastrillajes se suspenden a las 4 y se retoman a las 7 y casualmente el cuerpo de Marisol apareció a las 7:15. Con sólo ver las fotos tomadas por la propia policía te das cuenta que el cadáver fue colocado en ese lugar. Ni las suelas de las zapatillas tienen tierra.

" Resulta igual de sospechoso el hallazgo por separado de dos lentes y el armazón de los anteojos de la víctima (aunque la fiscal nunca citó al viudo para su reconocimiento) el martes 15 a las 13:25 sobre la calle Irigoyen, un lugar por el que habrán transitado no menos de 20 vehículos y circulado a pie unas 50 personas, sin que nadie los viese o pisase.

Tampoco ningún investigador se detuvo a examinar las dos quemaduras, compatibles a las que puede producir el encendedor de un auto, a la altura de la zona genital de Marisol –una atravesó la calza y abrasó la piel– ni a las marcas en el cuello que, se presume, fueron provocadas con cigarrillos, evidenciando la crueldad.

"En la historia negra de la Bonaerense –reflexiona un vocero del juzgado– va a estar el caso Pomar, Candela y ahora también Marisol." «     "Me decían que el asesino era bianchi"

Sergio Rachit cuenta que lo peor comienza en las noches, cuando el más chico, de apenas cuatro, pide por su madre. "Es muy duro –explica- y nos sentimos solos, aunque en la casa seamos yo y mis tres hijos.” –

¿Qué es lo que siente a casi cuatro meses del crimen? –Siento que todo ese tiempo se perdió en una investigación que no dejó conforme a nadie. Recién esta semana que pude ver al juez y al nuevo fiscal para decirles todo lo que pienso me volvieron las esperanzas. –

¿Nunca pudo hablar con la anterior fiscal? –Una sola vez la vi en persona, y fue porque ese día apareció el cuerpo de Marisol, y tuve que declarar. Después, dos veces fui a golpearle la puerta a su despacho, pero siempre me mandaba a decir por alguien que estaba ocupada. –

¿Cree que la policía pudo haber encubierto o participado del hecho? – No lo puedo aseverar, pero pudo decir que en todo momento se negaron a abrir la investigación. Los policías siempre me dijeron que el asesino era Bianchi pero a mí nunca me convenció. Había puntos incongruentes, pero tanto ellos como la fiscal Hortel se cerraban en él y no había manera de que escucharan otras hipótesis. Este chico (por Bianchi) se mandó muchas macanas pero si no mató a mi mujer no tiene que estar preso. Estas cosas me hacen dudar. –

Si no fue Bianchi, ¿entonces quién? –Siento que el asesino es de Saladillo y está caminando entre nosotros, como si nada, mientras mi mujer está en un cajón.

Fuente: Tiempo Argentino

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