La Colimba en el Portaaviones A.R.A. Independencia

Por Lis Solé

Servicio Militar Obligatorio… ¡Cuántas historias y anécdotas encierran esas tres palabras! Durante 90 años la “colimba” fue la desazón de las madres, el temor y la angustia de muchos jóvenes de 18 años que salían, en la mayoría de los casos, por primera vez de la casa familiar.

Cientos de familias año tras año, se pegaban a la radio para saber cuál era el número con el que salía sorteado… del 900 para adelante, Armada y Fuerza Aérea. Para abajo, Ejército.

Cada año, para la clase que debía ser reclutado el año siguiente, se designaba un número de lotería de entre uno y mil. El 21 de mayo, Lotería Nacional realizaba el sorteo: se preveía un año de instrucción militar en caso de que el sorteo indicara Ejército o la Fuerza Aérea y dos años si le tocaba la Marina.

Por ahí, si alguno resultaba con un número inferior a 200, podía “salvarse” de la “Colimba” pero este no fue el caso del Conscripto Lorenzo “Coco” Barloqui porque con el número 959 le tocó la Armada. Y así fue como Coco, salió del campo donde trabajaba como Mensual desde los 13 años en Gral. Alvear, para hacer el Servicio Militar.

El 3 de enero del 58, con oficio de “domador”, entró a la Colimba en el área de Información y Seguridad de la Marina (SIN) en la Isla Martín García donde “hice todo lo que pude”… Terminó la Escuela, aprendió a herrar caballos, Mecanografía, Fotografía y Operador de Cine, principios de un tiempo que lo marcó para toda la vida. El Capitán de Fragata Emilio Gascón era el Comandante de la Base, pero también era el dueño y administrador del establecimiento “San Clemente” donde él trabajaba en Alvear.

Estuvo un año y dos meses en la Isla donde además de estudiar, se ocupaba del cuidado de los caballos hasta que, por esas cosas del destino ayudadas por su decisión y capacidad, pidió un traslado y terminó en el Portaaviones ARA Independencia.

Asignado al gigantesco Portaaviones, la vida de Coco cambió por completo. La nave fue construida en 1946 en Reino Unido siendo su nombre original HMS Warrior y vendida a Canadá. Después de varias modificaciones el Gobierno argentino la adquirió en 1958, justo el año que ingresa como conscripto Coco Barloqui. Zarpa de Portsmouth en 1958 y llega a Puerto Belgrano el 30 de Diciembre.

En febrero de 1959, Barloqui llega al barco que todavía estaba en Puerto, en reparaciones. Los primeros días estuvo dando vueltas por el barco casi sin un destino fijo, hasta que el Suboficial Gómez lo llama desde Información y Seguridad e ingresa oficialmente como fotógrafo. Mientras lo estaban reparando, trajeron de Estados Unidos dos máquinas fotográficas General Electric, una para el Independencia y otra para el Crucero General Belgrano (la nave que fue hundida en la Guerra de Malvinas).

“Coco”, con el oficial Gómez y un ayudante adaptaron las máquinas fotográficas cambiándoles los lentes porque tenían ópticas que necesitaban 50 metros de distancia que no servían para el portaviones con sus 32 metros de ancho en pista.

El 1° de Mayo, después de muchas movidas y corridas, el Portaaviones sale a hacer maniobras en “mar abierto” durante 20 días, primera salida no oficial como Nave de la Marina Argentina, “calladitos para saber si la nave funcionaba”.

Es que antes de la salida oficial, el portaaviones hacía prácticas constantes: el primer viaje como fotógrafo aéreo de Coco fue en un helicóptero pero después, eran sobrevuelos diarios en un avión NA, para dos personas con el piloto Capitán Martínez Achával, documentando los aterrizajes y despegues de los 20 aviones y dos helicópteros que tenía la nave de 600 tripulantes.

Como Argentina aún no tenía un señalero de Pista adiestrado, popularmente conocido como “barman” o banderillero, en enero de 1959 llegó un capitán de la Marina Real para adiestrar pilotos y señaleros argentinos. Estos tripulantes son muy importantes porque son los ojos de los pilotos sobre la Pista de aterrizaje del portaviones, ya que cuando el avión baja, “sube la trompa y no se ve más que el cielo, y unos ganchos que están en el fuselaje del avión se van  enganchando en cinco cables de frenado hidráulicos que están sobre la pista dejando “un reguero de chispas” que frena al avión".

El 3 de junio se hace nuevamente a la mar, siempre bajo el comando del Capitán de Navío Carlos Sánchez Sañudo, y el 5 de este mes aterriza en sus cubiertas el primer avión naval argentino, piloteado por el Capitán de Corbeta aviador Naval Justiniano Martínez Achával iniciándose así, un adiestramiento que fue un record, protagonizado por el piloto que siempre llevaba a Coco Barloqui durante tantas horas de vuelo, fotografías y filmaciones.

En uno de esos aterrizajes casi cae al agua el 2-A-221, comandado por el Tte. Estrada, debido a que el avión se fue a babor de la cubierta y quedó colgando de la borda, pero fue recuperado aunque con la pérdida de un Cabo que chocó a la pasada, acción fotografiada siempre por Coco y de las cuales conserva algunas imágenes con celo.

El Portaviones era un mundo de gente: había gente de la Marina, pero también gente civil (electricistas, mecánicos, herreros, había mucha gente de afuera cuando estaba amarrado. Los últimos días recorrió el barco: fue a la Santa Bárbara que es la parte que está más abajo del Barco y las salas de máquinas, los camarotes de los oficiales y las cuadras de los colimbas.

En el laboratorio de Fotografía que estaba al lado de la cocina solo estaba Coco y ahí dormía y comía. Todos lo visitaban y era apreciado porque tomaba fotografías a los tripulantes que se lo pidieran usando retazos de papel.

Cada vez que salían a mar abierto, estaban 20 días sin entrar al puerto y eran días de mucho trabajo, siempre en el aire, viendo las maniobras y adelantándose a los aterrizajes para filmarlos. El Portaaviones también podía catapultar aviones, acción que se hizo por primera vez el 6 de diciembre.

En octubre, la nave volvió a Puerto Belgrano para presentarla oficialmente al Presidente Arturo Frondizi. Frondizi tenía unos caballos en General Guido y Coco se los había galopeado. Así que, sacando fotos, se acercó al Presidente y le dijo: -¿Se acuerda de mí, Sr. Presidente? Frondizi no lo reconoció en un principio: -

Tenés cara conocida pero no sé. Al recordarlo como “galopeador” de caballos lo saludó muy amable y dijo: “- Este soldado es un gran jinete. Es lo mejor que yo he visto”.

“Después de la ceremonia de inauguración hubo una Fiesta de Camaradería y los oficiales fueron a festejar en el Crucero “Almirante Brown”. Ahí fue cuando se produjo un amotinamiento pidiendo el reemplazo del Comandante Estévez. La Nave tuvo que abandonar rápidamente el Puerto y Barloqui que venía de franco, corrió y como ya habían retirado el puente, tuvo que saltar y tirarse adentro.

En la segunda salida a mar abierto, Coco filmaba las actividades diarias que a la noche, se pasaban a toda la tropa. Con esas imágenes se editó la película “Vida y desarrollo del Portaaviones Independencia” y para la inauguración de la misma, viajó a la Asociación Naval de Buenos Aires junto con el suboficial Gómez. Esas filmaciones fueron parte de los cortometrajes históricos llamados “Procesos Argentinos” que se pasaban en los cines antes o en los intervalos de las películas.

Realmente, la vida de Coco había cambiado… Con una máquina de cajón, una panorámica XPRESS que se prendía y “tardaba cinco segundos en pegar el fogonazo”, retrataba a las divisiones con el tiempo justo para que fuera corriendo a sentarse en el taburete y salir en las fotos con oficiales, conscriptos, marineros, cientos de personas que hacían la colimba o trabajaban en la Armada.

Con una filmadora Brand Pasé, dos máquinas fotográficas ERISAR o una cámara Ericsa de 32 milímetros con rollo le sacaba a todo sin límites. Usaba unas resmas de papel de 100 hojas para revelar las fotos, las recortabas en cuatro o algunas las hacías enteras. Hacía fotos grandes o chiquitas de carnet que revelaba en su Laboratorio dándole la nitidez o el brillo deseado.

En Comodoro Rivadavia vio los pozos petroleros bombeando solos en los campos llanos, llenos de viento y en Puerto Madryn, los cientos de autos Ford Taunus de aduana libre que habían quedado allí tirados después del derrocamiento de Perón.

En diciembre de 1959, arribaron a Ushuaia; el barco paraba dos o tres millas adentro y se iba en bote a la playa. A la tardecita, Coco sacaba fotos a los cerros que estaban alrededor de Ushuaia, donde el agua quieta y completamente muerta reflejaba las montañas. En el año 59, no había edificios altos en la ciudad de una sola calle y los colimbas vivían en la cárcel de Ushuaia, en la cárcel del Fin del Mundo. Tardaron 21 días ida y vuelta desde Puerto Belgrano a Ushuaia.

En 1959, se cumplía un año de la desaparición del remolcador “Guaraní” donde perdieron la vida 43 tripulantes en aguas fueguinas. Por eso, se rindieron honores a los desaparecidos en una importante ceremonia con asistencia de familiares y autoridades de las víctimas y ahí estuvo Coco documentando todos los hechos con su cámara.

A la vuelta de Ushuaia, Lorenzo Barloqui fue enviado a la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, donde le otorgaron la Medalla de Honor “Pro Patria”, por no tener ni un castigo ni una falta en los dos años de Servicio. Ya no volvió al Portaviones que siguió su camino a Montevideo siendo la primera unidad de su tipo que lo hiciera porque 27 de diciembre le dieron la baja.

Con nostalgia recuerda que en Ushuaia el portaaviones estuvo cinco días parado y él sacaba fotos desde el bote con el que iban a tierra al amanecer y al atardecer. El barco quieto se reflejaba en el agua y el portaaviones parecía clavado en la montaña.

Con esa foto hizo un cuadro grande que se llevaba al irse; al salir saludó al Comandante Sánchez Sañudo que al ver el cuadro tan lindo, se lo pidió y Coco se lo “tuvo que dejar” a cambio de los negativos.

Sin embargo, cuando terminó la colimba no agarró más una máquina fotográfica y aún después de tantos años recuerda esa foto porque “el agua ahí es cristalina y se refleja exactamente lo de arriba, abajo, muy quietas, algo hermoso y el Portaviones realmente impresionaba”.

Lorenzo “Coco” Barloqui retrató de todo en el portaaviones; marineros, oficiales, despegues o arribos, ceremonias y accidentes… 1.200 tripulantes en un barco donde nadie se quedaba quieto, donde siempre había algo para hacer.

El portaviones dejó de funcionar en 1969, el último comandante dijo en el discurso de despedida: “… vaya mi homenaje a toda la tripulación del Grupo Aeronaval Embarcado del A.R.A. Independencia y mi especial reconocimiento por la encomiable labor realizada, con lealtad, responsabilidad y entusiasmo”.

Que así sea.

Fotos tomadas por Lorenzo "Coco" Barloqu, Conscripto n° 515.921 Clase 1937, en 1959. En la foto grupal es el primer marinero de la segunda fila, abajo, a la derecha. Portaaviones A.R.A. Independencia.

Comentarios

  1. Monteoliva Maximiliano dice:

    Soy Maximiliano Monteoliva,clase 1949 y uno de los ultimos 8 concriptos
    Que formó parte de la dotación del portaaviones antes de su desague con
    el Capitán de Navío Botega cómo responsabe y el suboficial Tagliague

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