Necesitamos aunar esfuerzos del Estado junto a  las familias para que estas se mantengan informadas sobre el problema de las drogas.

Muchos padres pueden no querer hablar del tema porque creen que si brindan información o habilitan la charla estarán, de alguna manera, fomentando el consumo.

Por el contrario, consideramos que estar informados, poder reflexionar y abrir la discusión es fundamental para tomar decisiones de cuidado, autónomas, libres y conscientes. Los padres tienen un lugar privilegiado desde donde pueden y deben cuidar, contener y acompañar a los niños, niñas y adolescentes.

El Estado nacional, a través de Sedronar como órgano rector en la materia, los gobiernos provinciales y locales, las organizaciones de la sociedad civil y las familias, cada uno desde su lugar y asumiendo su responsabilidad, podremos, en definitiva, cuidarnos entre todos.

La Charla de Federico Cajén

Federico Cajén tiene 51 años y aspecto de un laburante común y corriente. Es padre de tres hijas, y de dos niños más, pero del corazón. Pero detrás de ese rostro simple, se encuentra una verdadera historia de tormento. Durante 32 años fue adicto a la cocaína, sustancia que probó por voluntad propia -como él dice- a sus 17 años de edad.
CARACTERÍSTICA DEL ADICTO
Federico define a los adictos y se define a él mismo: "Los Adictos nos convertimos en Egoistas, Mentirosos, Ventajeros, Manipuladores y Ladrones, yo digo que ahora soy un poquito menos Egoista, un poquito menos Mentiroso, un poquito menos ventajero y un poquito menos Manipulador, ya logicamente lo de Ladrón lo descarto". Es que después de tantos años, estas cosas quedan incorporadas dentro nuestro, dice
El pasado miércoles 26 de junio visitó General Alvear tras la gestión del Foro de prevención Nosotros por Ustedes, en la persona de Carlitos Pina. Brindó una charla en el Instituto Carmen Aureliana Micheo donde concurrieron alumnos de Secundaria. Por la tarde dió  charlas de Prevención y testimonio para Alumnos de Escuela Secundaria  N1 para los 5to y 6to, Escuela secundaria N4 "Juan José Vilches", años  4to, 5to y 6to, pasó por la escuela Secundaria Agraria 1 y por último ofreció una charla abierta a la Comunidad en el primer piso de la municipalidad de General Alvear.
Las charlas se dieron bajo el lema "Droga, Locura y Espiritualidad" y coincidió en el "día Internacional de la lucha contra la Droga y el Narcotráfico".
"Todas las Drogas provocan un daño irreversible", aseguró Federico tras vivir 32 años como adicto a la Cocaína y pasar por momentos donde estuvo muy cerca de la muerte.
Contando su vida, visita distintas Ciudades buscando que los Jóvenes "no tomen decisiones equivocadas". "En la Juventud, uno comete errores irremediables y esto se da en el momento que transitan la Escuela Secundaria".
Cajén asegura porque lo sufrió en carne propia, que "Todas las Drogas producen un daño irreversible  en las Personas, algunas en mayor tiempo y otras en menos, pero todas tienen el mismo final".
"Las sustancias No son lo que a veces se plantea desde algunos ámbitos, como recreativas o inspiradoras, es Mentira todo eso y es lo que trato de decirle a los Chicos", asegura con firmeza
Federico admite  "Mi vida era una mentira, como cualquier Vida de quien está involucrado a una sustancia, la Droga siempre Mata, siempre deteriora"
Su nivel de adicción fue tan grande, que además de perder a sus afectos y familiares más cercanos, fue relegando sus sueños, como el de algún día ser oceanógrafo. Después de haber estado internado en varias clínicas, rodeado de profesionales y medicamentos, que lo alejen del tormento de su adicción, halló la salvación en su último recurso. En la Fazenda, La Esperanza, una chacra de rehabilitación donde no tenía más que hacer que trabajar y creer.
Dos años después de haber alcanzado su rehabilitación, dedica su vida a dar charlas preventivas y motivacionales; después de haberle dado vida a una consultora en adicciones. A la Fazenda lo llevaron unos amigos, después de que en su última alucinación creyera haber matado a una persona, y de haber estado a punto de tirarse del octavo piso un edificio de departamentos. "Un día como otros, mi Madre me dijo "Te judicializamos nuevamente, en media hora te viene a buscar la Policía". Me estaba dando media hora, armé la valija y me fui. Alquilé un departamento en Olavarría en el octavo piso. Allí transitaba mi vida con la adicción a cuesta. Un día, solo sabía que estaba con alguién en el Departamento, la busqué y no estaba, vi la ventana del balcón abierta y dije la tiré por el Balcón, preso no voy, yo también me tiro. Al mismo tiempo sentí la llegada de toda la policía y escuchando sus sirenas, por esas cosas que tiene la vida me asomé nuevamente antes de tirarme y vi a mis dos Hijas que me gritaban "Papá no te tires"... Nada de esto había pasado, eran alucinaciones mías, cuenta en la charla.
A esta altura no había podido conservar cerca suyo ni a sus seres más queridos, su familia. Entonces esas amistades lo llevaron a ese sitio ubicado a orillas del lago Epecuén, en el partido de Adolfo Alsina, a unos 15 kilómetros de Carhué.
Resumiendo
“Ocho años de mi vida estuve internado en comunidades terapéuticas, tuve siete tratamientos en total, pasé por dos neuropsiquiátricos, dos guardias de salud mental, una en el Hospital de San Isidro y otra en el Hospital de Olavarría”, dijo intentando resumir años con el intento de hallar una solución a su gran problema.
Y añadió: “Tuve 10 sobredosis, una parálisis en la pierna izquierda, perdí el habla en forma temporal, sufrí ACV, estuve preso, y me recién recuperé en una comunidad religiosa”. Fue allí donde conoció a Lino Freyre, perteneciente a la comisión que dirige la Fazenda La Esperanza, y quien lo apoyó para que se dedique a dar las charlas en colegios.

Los excesos 

 

Cuenta que a los chicos a quienes les da las charlas en los colegios les pregunta si tiene “cara de falopero”. Y que una vez que le contestan que “no”, él les explica que “la droga no tiene rostro”. Su relación con los excesos comenzó a los 15 años con el alcohol y la marihuana. Luego, mientras cursaba 4º año en una secundaria de su ciudad, Olavarría, tuvo su primer acercamiento a la cocaína.

“No había médicos, ni psicólogos, no había medicación, nada. Sólo un campo donde trabajábamos de sol a sol, también había una capilla”, dijo Federico para resumir su cura en la Fazenda. "De lunes a viernes comíamos fideos blancos al mediodía y noche, los sábados nos daban Tarta de...los fideos blancos que sobraban en la semana y los domingos comíamos peludos que nosotros mismos debíamos buscar en el campo"

A los 17 años era coordinador de una empresa para viajes de egresados, y al ver que un compañero suyo consumía, quiso probar. "Me golpearon la puerta de un hotel de Bariloche y era un compañero mío, al pasar me solicitó permiso para consumir algo en el baño, le pregunté que era y al decirme "Cocaína", le pedí probar, ahí comenzó mi calvario", cuenta.  Pero no fue hasta ocho meses después en que él mismo se decidió a buscarla para consumirla. “Desde ahí fueron 32 años en los que no paré. Por eso les hablo a los chicos del tema de las decisiones. Todos somos responsables, no hay que ser grande para ser responsables. Ya de chico uno es responsable, o irresponsable”.
Sus años dependientes de la cocaína le enseñaron además que su consumo no se controla. “Es mentira, no tiene control, eso de que ‘yo salgo cuando quiero’ o ‘entro cuando quiero’ o ‘la manejo’, es un cuento, un verso. Yo me convencí muchas veces que la manejaba, y no es así”, afirmó Federico que tuvo sueños y proyectos. “Quería ser oceanógrafo, tener una familia. Tuve un montón de cosas de ésas que quería, pero no planeadas en la manera en la que hubiera sido mejor”, confesó.
Recién pudo terminar el Secundario a los 33 años, en 2000. Por ese entonces llegó a sufrir un ACV y como consecuencia no podía hablar ni caminar. Medicina nuclear mediante le hallaron una lesión en el cerebro que finalmente no lo afectó definitivamente en nada particular, aunque no había dudas que su padecimiento era consecuencia del alto consumo de cocaína.
Un cambio
 
“Tomaba 25 psicofármacos recetados -por día- por varios psiquiatras, con cuatro pastilleros. Fue así por más de 15 años, reconocidas las pastillas al 100 por ciento por la obra social porque las tenía que tomar de por vida, y hoy tomo un diclofenac cuando me duele el cuello”, contó para darle dimensión al cambio que experimentó su vida al pasar por La Esperanza.
Antes de eso le habían diagnosticado desde “esquizofrenia, bipolaridad, trastorno de la conducta, y todo eso desapareció”. Sin embargo para llegar a la granja, tuvo que darse cuenta lo que estaba perdiendo en el camino. “La familia me dejó de apoyar. En el último tiempo cuando fui a la Fazenda, ya estaban cansados. Me quisieron judicializar en dos oportunidades, estaban recansados”, describió Federico quien llegó a robarle a toda su familia para bancar su adicción.
Pero eso sólo no bastaba. Perdió muchos trabajos porque en cada uno, la ganancia era para pagar la droga. El precio después sería ver cómo sus hijas irían a visitarlo a sus repetidas internaciones.

“Andaba a cocaína” 

 

“Para mí consumir era, como el auto anda a nafta, yo andaba a cocaína. No es que yo me drogaba hoy porque es viernes, o porque es jueves, me drogaba siempre para vivir”, dijo para definir su gran dependencia, que no dejaba de agravarse. Su mal estado como adicto lo llevó a cambiar la modalidad de consumo. “Empecé un sábado a la noche, después fue un viernes y un sábado, después jueves, viernes y un sábado, a la noche y mezclado con alcohol”, dijo.
Y agregó: “Después cambié porque la vida fue cambiando y empecé a consumir durante todo el día; desde la mañana hasta la noche. Yo ponía dos despertadores en el día, uno para levantarme como todo el mundo, y otro a la noche para frenar y consumir la última raya de cocaína, tomar la pastilla para dormir -que me tumbaba- dormía hasta las cinco porque me quería despertar rápido para volver a consumir. Me despertaba, procesaba la cocaína para todo el día, y ahí consumía. Tomaba un café, me bañaba, despertaba a mi familia, y llevaba al colegio a la nena”, describió para poder explicar cómo funcionaba su propio mecanismo de autodestrucción, algo que hacía a espaldas de su esposa, hasta ser descubierto, y para negarlo siempre.
El adicto 
Al margen de cómo lo haga la medicina o la psicología, hoy él mismo define al adicto como a una persona “egoísta, mentirosa, manipuladora, ventajera y ladrona; y de esas cinco características van a salir un montón más”.
Además del engaño y del robo a su propia familia, Federico llegó a perder trabajos y hasta hacer estallar su estado financiero aplicando métodos retorcidos para poder comprar droga cuando no tenía plata. Compró electrodomésticos a cuenta para pagar con su valor la cocaína con –por ejemplo- una heladera o aquello que el vendedor necesitase.
Al día de hoy se reconoce “un poquito menos mentiroso, menos ventajero, porque –según explica- lo que más te cuesta es cambiar ese cuero grueso que se me hizo, y con eso además vivir. Así me manejé en la vida, mintiendo, aparentando, engañando, ventajeando, pero siempre tenía un mismo norte que era el consumo. No es que yo fui un tipo abusivo en otros aspectos. No robé para comprarme un auto. Lo hacía siempre para la sustancia”.
La cura 
En la Fazenda La Esperanza todo fue distinto para Federico, y donde finalmente encontró su cura. “No había médicos, ni psicólogos, no había medicación, nada. Sólo un campo donde trabajábamos de sol a sol, también había una capilla. No me acordaba ni el Padre Nuestro ni el Ave María, hasta que empecé a entender que lo que me salvó es la espiritualidad que empecé a desarrollar en base a la religión”.

En la granja se forma una comunidad de puertas abiertas. “Te vas cuando querés, pero después no podés entrar tan fácil. No me quedaba otra que quedarme, tampoco nadie quería estar conmigo, me había quedado solo”, recordó.

 

Fue en ese contexto en el que también entendió que “hay cuatro caminos directos con el consumo de sustancias; la cárcel, la muerte, la locura y la soledad. De ésas, a tres las venía atravesando, y estaba en el de la soledad que venía en conjunto con la locura. No sólo me recuperé de las adicciones sino que salí de la locura. Pero me costó muchísimo, pero fue una elección, como fue una mala elección haber consumido la primera vez. En esta ocasión fue una buena elección estar bien”, afirmó Facundo recordando el día en que dejó de lado las sensaciones que lo llevaron por el mal camino, como el sentirse mal siempre, deprimido, inseguro, teniendo la autoestima baja.
“Me cansé un día y dije, hoy voy a estar bien. Empecé fingiendo y para una persona que toda la vida aparentó, no me resultó difícil agarrarme de esa frase”, resaltó.

“Tomaba 25 psicofármacos recetados -por día- por varios psiquiatras. Fue así por más de 15 años, y las tenía que tomar de por vida, y hoy un diclofenac cuando me duele el cuello”, confió

Las charlas
 
Dos años después de haber salido de la granja y de haber acumulado experiencia brindado charlas, ahora Federico puso en regla su actividad, y la transformó en su medio de vida. Se hizo monotributista y junto a Lino –que desde Coronel Pringles deja su financiera y lo alcanza para acompañarlo a la escuela del distrito que sea, y hasta le organiza charlas también, recorren escuelas llevando sus presentaciones donde se necesitan.
Para cada encuentro con alumnos y docentes, las charlas de Federico también tienen en cuenta una selección de canciones que lo ayudan a reforzar cada pasaje. Así pasan Patricia Sosa, con “Aprender a volar”; Diego Torres, con “Color esperanza” y hasta la Bersuit Vergarabat, con “Un pacto para vivir”; canción esta última que está dedicada a la lucha contra el consumo de drogas, y no a un amor, según explicó.
La Consultora
 
Sus presencias además pueden organizarse en cualquier lugar donde se crea necesario aplicarla. No sólo en escuelas sino también en empresas o en entidades privadas o del Estado, pueden contactarse con él a “Consultora de Adicciones, Federico Cajén”; en sus redes sociales de WhatsApp 2494000310; Consultora de Adicciones, en Facebook ó en consultoradeadicciones@gmail.com.
Apuntó que también se pueden realizar talleres con niños de entre 10 y 12 años de edad, e incluso con adolescentes para lo cual también es necesario –previamente- orientar al cuerpo docente.
Federico Cajén pasó por General Alvear, habló con nuestros Pibes y con algunos Padres, seguramente ayudó a muchos. Ojalá pueda volver pronto, ojalá pueda participar de sus charlas en cada una de las escuelas de la provincia de Buenos Aires.
Gracias Federico por tu coraje de contar tu calvario, Gracias Foro de Prevención Nosotros por ustedes, especialmente Carlitos Pina por la gestión...