PROCESARON AL FALSO ENTRENADOR DE 25 DE MAYO QUE ABUSABA DE MENORES

Llegó al Parque Saavedra con una pelota en sus manos y no tardó en ganarse la confianza de los pequeños fanáticos del fútbol. Se presentó como Ezequiel Cáceres

En realidad se llama Ezequiel Fernández, de 29 años, que estuvo prófugo ocho meses hasta que fue detenido, hace dos semanas, en el barrio porteño de Balvanera.

Llegó al Parque Saavedra con una pelota en sus manos y no tardó en ganarse la confianza de los pequeños fanáticos del fútbol. Se presentó como Ezequiel Cáceres y se ofreció a enseñarles y a entrenarlos. Madres y padres confiaron en él, sentían que sus hijos estaban seguros. Al poco tiempo abrió una suerte de club al aire libre: lo bautizó Estrella de Saavedra y cobraba por las clases. Pero todo habría sido la máscara de un plan macabro: el entrenador fue detenido y hace horas fue procesado por corrupción de menores, acusado de haber abusado sexualmente de al menos dos chicos. Se investiga si hubo más víctimas del falso DT.

A instancias de un pedido del fiscal José María Campagnoli, a cargo de la investigación, la jueza María Gabriela Lanz, como subrogante del juzgado N° 6, procesó con prisión preventiva a quien en realidad se llama Ezequiel Fernández, de 29 años, que estuvo prófugo ocho meses hasta que fue detenido, hace dos semanas, en el barrio porteño de Balvanera.

“Se han acreditado en el sumario, fundamentalmente a partir del relato de las víctimas, las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que ocurrieron los abusos sexuales a cargo del encausado, aprovechando el ascendente que significaba desenvolverse como entrenador de fútbol”, sostuvo la jueza en su fallo.

En el expediente se incorporó el testimonio que hizo en Cámara Gesell un chico que había tomado clases de fútbol con Fernández. Lo que relató es aberrante: contó que el entrenador lo obligaba a sentarse arriba de su miembro viril y a darle “picos” en la boca y que le agarraba la mano y se la apoyaba en sus partes íntimas.

“Siempre se invitaba [el acusado] a su casa y se le tiraba encima. Aclaró que si estaba acostado se le abalanzaba sobre él tipo «sandwichito». En otra ocasión lo agarró por atrás y le metió la mano por dentro del pantalón”, dijo, según consta en la causa.

La Justicia no sólo tiene las declaraciones en Cámara Gesell como prueba: hay chats que complican la situación procesal del acusado.

“Los relatos de las distintas víctimas, como así también el de quien fue señalada como su «madre del corazón», dan cuenta de la facilidad que tiene el imputado para manipular y persuadir a las personas que lo rodean para que actúen conforme a sus intereses. Nótese que su habilidad en ese sentido es tal que logra que los padres confíen la guarda de sus hijos a alguien que apenas conocen de un parque público”, explicó Campagnoli en un dictamen donde solicitó una serie de medidas de prueba.

Aunque por ahora se dieron por probados dos casos, el fiscal presume que hubo varios más, quizás una docena de hechos. “Se impone la necesidad de profundizar la investigación tendiente a identificar en forma fehaciente a cada una de las potenciales víctimas del proceder del imputado”, dictaminó Campagnoli.

Mucho tiempo

Pasó un año desde aquel día de enero de 2015 en que el falso DT llegó al Parque Saavedra hasta que una madre se presentó ante la Policía Metropolitana para denunciar sus abusos sexuales.

Fernández estuvo ocho meses prófugo. Fue detenido hace dos semanas en el barrio de Balvanera por detectives del Área de Investigaciones de la Comisaría de la Comuna 12 de la Metropolitana que siguieron sus pasos por distintas zonas de la Capital y el territorio bonaerense.

Lo llamativo del caso es que en enero pasado la Policía Metropolitana lo detuvo y por orden del juzgado de instrucción porteño N°6 Fernández fue liberado después de tomarle los datos filiatorios y antes de que llegara el cotejo de las huellas dactilares. En ese momento, el sospechoso dijo que se llamaba Ezequiel Cáceres, el mismo nombre con el que se presentaba ante los padres de los niños que entrenaba.

Tras ser liberado, desapareció del Parque Saavedra y del Hospital Pirovano, de Coghlan, donde el sospechoso dormía algunas noches.

“La Policía Metropolitana hizo una gran investigación para dar con el sospechoso. Lo buscaron por muchos lugares hasta que lo pudieron encontrar”, dijeron fuentes judiciales.

Según fuentes del Ministerio de Justicia y Seguridad porteño, a cargo de Martín Ocampo, a partir de las fichas dactiloscópicas se determinó su verdadera identidad, su domicilio y una fotografía del sospechoso. También, que tenía un antecedente en el Departamento Judicial.

“A partir de toda la información obtenida se hizo una reconstrucción de la vida del sospechoso, llevando a los investigadores a la ciudad bonaerense de 25 de Mayo para luego seguir por Cañuelas, Gregorio de Laferrère y la ciudad de Buenos Aires, descubriendo que de todos esos lugares había desaparecido dejando atrás a víctimas. En muchos casos se había hecho pasar por religioso, llamándose a sí mismo «el Pastor»”, confiaron a LA NACION fuentes de la Policía de la Ciudad.

Entre enero pasado y el momento de su detención, en agosto, el sospechoso cerró y abrió varias veces su cuenta de Facebook. Cuando se conectaba a Internet lo hacía desde locutorios para evitar ser localizado por los investigadores.

Los investigadores rastrearon sus conexiones y descubrieron que siempre se conectaba en locutorios de la avenida Rivadavia entre el 3000 y 3200, en el barrio de Balvanera. Los detectives fueron pacientes: lo esperaron, lo encontraron y lo detuvieron cuando caminaba por el Once.

En su indagatoria, Fernández negó los dos hechos de abuso sexual por los que está imputado y la acusación de corrupción de menores. “Esto empezó cuando los grandes jugábamos al fútbol. Luego los chicos empezaron a sumarse. Los padres se acercaron y me pidieron que los entrenara. A los entrenamientos concurrían con los padres y las madres presentes”, declaró.

Sin embargo, según la investigación de los detectives de la Metropolitana y del fiscal Campagnoli, hay pruebas suficientes de los abusos.

Fuente: La Nacion

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