Economía
Nicolás Pino presidente de la SRA sostuvo que "no hay que horrorizarse" por el precio y afirmó que la baja del consumo responde a hábitos, no al impacto económico.
27 de febrero de 2026
Las declaraciones de Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina, en el streaming de Infobae sobre el importante "bajón" de consumo de carne vacuna, abrieron la polémica en redes por ser palabras funcionales al sector que representa, y más una interpretación acomodada que el reflejo de la verdad de la situación.
Consultado por el impacto del acuerdo comercial y las exportaciones en el precio interno, Pino dijo: "No creo que aumente más en lo inmediato". Y rápidamente avanzó hacia una conclusión más amplia, desligando el precio del problema de fondo.
"No hay que horrorizarse"
Para el titular de la Sociedad Rural, el punto de partida está mal planteado. "No hay que horrorizarse porque dicen que la carne está muy cara, entonces dicen que por eso el consumo bajó", sostuvo.
En esa frase condensó su mirada. Para él, el precio no sería la causa del derrumbe del consumo de carne vacuna, sino una "reacción exagerada de la sociedad" frente a un fenómeno que, según él, tiene otra explicación.
Desde su óptica, el consumo no se desploma por el valor del kilo en la carnicería, sino por un proceso más largo y profundo. "El consumo bajó porque culturalmente viene bajando el consumo de carne vacuna", afirmó, descartando de plano cualquier vínculo directo con el encarecimiento del producto a partir de la liberación de cuotas para exportación.
La cultura como explicación
Pino apeló a la memoria y a su propia biografía para reforzar la idea. "Cuando yo era chico, tengo 60 años, hace 30 o 40 años nos comíamos 70, 75 kilos de carne por habitante por año", recordó. Luego contrastó ese dato con el presente: "Hoy ese número está rozando los 50 kilos".
Ante la pregunta obvia, el dirigente respondió sin dudar: "¿Y eso es porque está cara la carne? No, no, no, no va por ahí". Para Pino, la explicación vuelve a ser cultural. "Va por un tema cultural", insistió, y agregó que el cambio en la dieta argentina responde a que "se ha aumentado el consumo de pollo, cambio de hábitos".
La reiteración posterior da la impresión de no haber sido casual. Porque reiteró: "Cambio de hábitos, por supuesto", remarcándolo (valga la paradoja) como si la insistencia en "su argumento" pudiera clausurar cualquier discusión sobre el impacto del precio en el consumo cotidiano.
Proteína animal y eje corrido
Para reforzar su posición, Pino amplió el foco y mezcló categorías. "Hay que siempre poner en valor que los argentinos creo que estamos en el mundo en el puesto número tres de país consumidor de proteína animal", señaló. Y detalló: "Consumimos 114, 115 kilos de proteína animal", sumando carnes que no son vacuna.
Según el presidente de la Rural, ese dato "habla de la conducta del consumidor argentino" y relativiza cualquier alarma sobre la carne vacuna en particular.
Sin embargo, al correr el eje hacia el consumo total de proteínas, su razonamiento deja fuera una variable esencial, como es el precio específico de la carne bovina, que en el último año se disparó muy por encima de otras carnes y de los ingresos.
Mientras el mercado externo paga mejor y las exportaciones avanzan, el consumo interno queda relegado.
Pero para quien encabeza la principal entidad del agro, el mensaje es otro: la carne no está cara, el problema -según él- es cultural. Una lectura que, lejos de ser inocente, reubica responsabilidades y justifica un modelo donde el asado deja de ser cotidiano y pasa a ser excepcional con total normalidad, buscando que la población vaya hacia el país que naturalice esta "nueva realidad". (Infocielo)
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