Policiales

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Prevención de extorsiones digitales

Estación de Policía Comunal.

12 de febrero de 2026

En los últimos días, distintos casos que tomaron relevancia pública volvieron a poner en discusión una modalidad delictiva que viene afectando a muchas personas: la extorsión telefónica y por redes sociales.

Este tipo de hechos no es nuevo. Se repite desde hace tiempo y tiene un mismo patrón: aprovechar el miedo y la urgencia para obtener dinero.

La maniobra suele comenzar de manera simple. Una persona recibe un mensaje por redes sociales desde un perfil falso, generalmente con identidad femenina.

Se inicia una conversación breve, a veces con intercambio de imágenes o mensajes de contenido personal.

Horas o días después llega el segundo paso: un llamado telefónico. En esa comunicación, un hombre se presenta falsamente como policía, comisario, fiscal o abogado. Le informa a la víctima que existe una denuncia penal en su contra, generalmente vinculada a un supuesto contacto con una menor de edad.

A partir de ese momento comienza la presión.

Se habla de una orden de detención.

De un allanamiento inminente.

De consecuencias penales graves.

Y al mismo tiempo se insinúa que "la situación puede solucionarse" si se realiza un pago inmediato.

En algunos casos incluso se envían fotografías de supuestos policías trabajando, imágenes de oficinas, falsos oficios judiciales, audios intimidantes o videos, con el único objetivo de reforzar la amenaza.

Todo esto es falso.

Ninguna autoridad judicial o policial solicita dinero para anular denuncias o evitar detenciones. No existen acuerdos económicos para frenar un proceso penal.

El pedido de transferencia suele dirigirse a cuentas bancarias o billeteras virtuales, muchas veces a nombre de terceros. La urgencia es constante: no cortar la llamada, no consultar con nadie, transferir en el momento.

El objetivo es claro: aislar a la persona y forzar una decisión bajo presión.

Este tipo de amenazas puede generar un fuerte impacto emocional. La angustia, la vergüenza y el miedo a una exposición pública llevan a que muchas víctimas no hablen con nadie y actúen en soledad. Ese aislamiento es parte central de la maniobra.

Frente a una situación así, lo más importante es detenerse.

Cortar la comunicación.

No enviar dinero.

No brindar datos personales.

Guardar los mensajes y números.

Hablar con alguien de confianza.

Realizar la denuncia correspondiente.

Cuando la víctima consulta y rompe el aislamiento, la extorsión pierde fuerza.

La información y la prevención son las herramientas más eficaces para reducir este tipo de delitos. Hablar del tema, compartir estas modalidades y actuar con calma ante una amenaza puede evitar consecuencias mayores.

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