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Una decisión política del Doctor Aldo Sivero que le cambió la vida a cientos de familias

La gestión de instalar una cárcel de máxima seguridad en nuestra Ciudad, reactivó la economía, bajó la desocupación y dio empleo a más de 400 alvearenses

2 de noviembre de 2026

El pasado domingo 1 de noviembre, cientos de personas, (la mayoría ya jubilados) cumplieron 27 años de haber ingresado al Servicio Penitenciario Bonaerense, un hito significativo para aquellos que han dedicado su vida a esta importante labor.

Es relevante recordar aquella decisión política del ex intendente Aldo Rubén Sivero, quien gestionó y luchó para que se construyera esta cárcel de máxima seguridad en General Alvear. Gracias a esa decisión, hoy muchos de esos jóvenes, que comenzaron su carrera hace 27 años, formaron familias, mejoraron su calidad de vida y ahora se jubilaron y permitieron el ingreso de otros cientos de jóvenes.


El que tuvo el pálpito político sobre lo que podía significar la cárcel nueva fue el ex intendente Aldo Sivero, en los comienzos de la década de 1990. Tuvo oposición, pero en un plebiscito realizado en 1995, que arrojó un triunfo abrumador por el sí, se realizaron ingresos masivos al Servicio Penitenciario Bonaerense. Este fue, sin duda, uno de los grandes aciertos de Aldo, quien en su momento adelantaba que los ingresantes de iban a jubilar después de los 25 años y los ingresos masivos continuarían...


General Alvear lo necesitaba, en aquel momento la situación era complicada. La fábrica Adidas que llegó a emplear a unas 100 personas había cerrado hace años. El campo, tecnificado y lastimado por la crisis, necesitaba cada vez de menos peones. Las dos industrias locales, una textil y otra de alpargatas, empleaban a no más de 80 personas. En Alvear, el que no era policía era empleado municipal, Docente o del Banco Provincia. Y de pronto, más de 400 nuevos empleos. Una inyección de dinero que reactivó la economía. Gracias a aquella decisión política del Doctor Aldo Rubén Sivero, ahora el que no es policía o municipal, es Penitenciario.


Es un hecho verificable que la apertura de la Unidad 30 del Servicio Penitenciario Bonaerense, inaugurada el 6 de abril del año 2000, tuvo un impacto positivo en el pueblo. Por eso, después de este acierto político, fueron varios los intendentes bonaerenses que pidieron por una cárcel.


"Antes teníamos un poco de cautela. Vos pasabas por Olmos, veías lo que era eso y no querías que ese ambiente llegara al pueblo. Pero también nos estaban comiendo los gusanos. Y, la verdad, no pasó nada grave", graficó oportunamente con impecable metáfora campera Carlitos Giavino, de la entonces inmobiliaria Ganadera Centro.


Casas y ciclomotores


El primer sector que se movió a partir de la construcción de la cárcel, en un predio de 64 hectáreas, fue el inmobiliario, además del rubro rotisería, que dio alimento diario a los trabajadores que desde agosto de 1998 hasta febrero de este año pusieron ladrillo sobre ladrillo hasta concluir el presidio con capacidad para 1.720 internos. Las casas que se alquilaban triplicaron sus precios. "Ahora volvió el equilibrio", informó Giavino.


"No diría que se eliminó la desocupación. Pero generó muchos empleos indirectos -afirmaba el intendente Gaudencio Fernández. Además, antes había 30 policías; ahora hay 70. Así se solucionó el problema laboral. La cárcel es como una fábrica que no cierra". Fábrica en el sentido de que genera empleo permanente. Nosotros tuvimos la experiencia de Adidas y sabemos lo que significa el cierre. La cárcel no cierra".


El promedio de edad de los trabajadores elegidos es de 23. "Por las ganas de trabajar que tienen, se ve que la estaban esperando", reflexionaba el inspector mayor Rogelio Frascini, primer director del penal, feliz de terminar sus 30 años de carrera en un despacho último modelo, aséptico como un hospital, con control visual de todo lo que sucede en cada uno de los sectores por el que caminan los 1.330 presos iniciales.


"Estos chicos y los 55 oficiales significan una erogación mensual de la provincia de casi medio millón de dólares. Semejante masa de dinero tuvo una influencia rápida en los comercios alvearenses. Hacía ocho años que Jorge Lazcano tenía un negocio de "subsistencia", como define.


Vendió decenas de salamandras, electrónicos, bicicletas y ciclomotores, para muchos, la primera inversión del sueldo. "Vendimos un 50% más de lo normal. A crédito, claro", explicaba.


Por lo pronto, nadie duda sobre la continuidad de esta reactivación económica: María Angélica Macías, gerente de la sede local del Banco Provincia, el único de Alvear, comenzaba a gestionar 400 tarjetas de crédito para los nuevos empleados.


También creció la venta de autos usados. "Un 4 por ciento", arriesga el dueño de una agencia, José Luis De Paula. "Son autos de 2.000, 3.000 pesos. No es que defienda la cárcel, pero muchos ganan lo que nunca en su vida. Es lamentable. Si el país anduviera bien no habría necesidad de tantas cárceles. Es lamentable, pero es así".


Algunas de las declaraciones de comerciantes de aquel momento, que graficaban el gran acierto político del Doctor Aldo Rubén Sivero, a quien muchos de los ahora ya penitenciarios retirados le agradecieron a través de las redes sociales...

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