Política

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Kicillof, protagonista de un triunfo interno que podría abrir una nueva etapa política

El gobernador se quedó con la presidencia del PJ.

8 de febrero de 2026

El acuerdo que habilitó la llegada de Axel Kicillof a la presidencia del PJ Bonaerense en reemplazo de Máximo Kirchner es bastante más que la resolución de una puja por el control del partido con La Cámpora. Se trata del paso más contundente de los varios que el gobernador dio, desde 2023 hasta acá, en pos de autonomizarse del kirchnerismo -sin romper con él- con el objetivo de construir, con todo el poder propio que pueda, su candidatura presidencial.

"Hace un año parecía imposible que entregaran el partido", se congratulaban en el entorno del gobernador después de que Kirchner aceptara lo que consideran un triunfo político importante. Y eso por dos razones. 1) Kicillof le quitó "una trinchera" a sus adversarios internos. 2) Aunque Máximo Kirchner se queda con la presidencia del Congreso -algo que "hubiésemos preferido evitar por sus efectos en el resto del peronismo", dicen- tanto ese organismo como el Consejo- tendrán mayoría axelista.

El modo en que se cerró el acuerdo es significativo: no hubo contactos entre Kicillof y Máximo. Tampoco habló con Cristina. Todo se cerró a través de intermediarios, lo que ratifica el estado de las relaciones personales entre ellos. La última intervención de gobernador fue -cuentan- para sostener, amenaza de ruptura mediante, la silla de Verónica Magario en la vicepresidencia. Una cosa se relaciona con la otra: la desconfianza imperante es tal que Kicillof solo aceptaba una conducción monocolor.

En La Cámpora no coinciden que la evaluación que hacen en gobernación. Ellos reivindican un rol estratégico de Kirchner: "fue suya la propuesta para que Kicillof presida que terminó destrabando todo", recuerdan. También señalan que fue Cristina Kirchner quien dio la orden de llegar a un acuerdo: una forma de marcar que hubo generosidad política más allá de las tirrias personales. En el MDF enarcan las cejas. "Acordaron porque la correlación de fuerzas no les daba para imponerse", replican, sibilinos.

Repliegue táctico o puro realismo político, contra lo que decían a fin del año pasado, en la organización que lidera Máximo Kirchner aceptan que, hoy -puede cambiar- el candidato 2027 es Kicillof, sencillamente porque es el mejor posicionado. Y lo más novedoso: aseguran que lo acompañarán. "Estos es política, muchos creemos que Axel traicionó a Cristina en el peor momento, pero lo importante ahora es ganarle a Milei para que el pueblo deje de sufrir", explican allí.

La comandancia axelista define la toma de control del partido como parte de una estrategia de "hegemonía sin ruptura" de cara al 2027. De lo que se trata, dicen, es de asentar el predominio interno sin expulsar al camporismo. "Las estrategias tipo Florencio Randazzo, fracasaron", recuerdan. Conciben esa hegemonía interna en términos de la "etapa de expansión federal" que ahora arrancará Kicillof. "Es un paso clave para de ir por la ampliación del espacio hacia el peronismo no K y más allá", explican.

Eso es lo que está detrás de la decisión del gobernador de no llegar a la instancia de confrontación. Sumado al hecho de que una elección era cara, anticlimática respecto de los sentimientos sociales que expresan las encuestas y podía derivar en una agudización de la disputa de resultados impredecibles, evaluación en la que coinciden ambos sectores. En la cúpula del MDF agrega otro motivo: "Axel nunca va a renegar del kirchnerismo ni de Cristina, por más que crea que seguir con la mirada centrada en 2015 sea un error".

El punto no fue parte del acuerdo actual, pero en La Cámpora entienden que la candidatura presidencial de Kicillof les habilita una especia de primacía en la disputa por la sucesión. Y van a ir por ella, aunque aún no tengan un nombre para encarnar ese objetivo. (Varios le piden a Máximo una definición al respecto, pero él la retrasa). Un dato: en sus mesas de arena no figura un pedido para volver a desdoblar los comicios el año próximo. Una señal para darle verosimilitud a la promesa de trabajar por Axel.

En el MDF no convalidan esa intención. Es lógico: militan en sus filas varios pesos pesados que quieren ir por la gobernación. El acuerdo final no dejó conforme a uno de ellos: Julio Alak, que en algún momento figuró como prenda de unidad, hay quien dice que con venia de Máximo y CFK. Al intendente de La Plata le recordaron que si asumía en el partido eso iba a trabar la posibilidad de pelear por la candidatura provincial. Pero él sospecha que podría haber algo más: la evidencia de que no será el elegido del MDF.

El acuerdo en el PJ no implica que todos los frentes de tormenta se hayan despejado, ni mucho menos. El camporismo plantea un apoyo condicionado al despegue nacional de Kicillof: discutirán el programa y escucharán a "otros compañeros que quieren ser". En el MDF creen que el próximo roce puede ser en el Senado, donde la pelea por colocar al vice 1° (tercero en la línea de sucesión) sigue sin resolución. Incluye dos cargos importantes en el manejo de la plata de ese cuerpo.

Las culturas en conviven (mal) en LLA

En el orbe libertario, también hubo movimiento. Sebastián Pareja arrancó en La Plata una gira por los 135 distritos de la provincia que tiene por objetivo asentar su poder interno, que expresa al de Karina Milei. Presidente del partido, Pareja enfrenta una ofensiva interna durísima. Por ahora, implica a "outsiders" de Las Fuerzas del Cielo, a quienes amenazó duro: "si ventilan las diferencias, están afuera". Y les remarcó: "acá hay lógica de partido político".

La definición no es ociosa: Pareja sabe que a cinco milímetros de distancia de quienes lo silbaron en La Derecha Fest, a quienes dirigió su advertencia, están pesos pesados como Daniel "El Gordo Dan" Parisini y el diputado Agustín Romo. Y eso es una amenaza de pelea mayor: ambos son soldados de Santiago Caputo. "Hablamos idiomas diferentes, no tenemos nada que ver", definen cerca de Pareja. Hasta las culturas políticas difieren: es la primacía de las redes contra el duro territorio.

La pelea no es menos intensa que en el peronismo, aunque tiene menos prensa. Por ahora, en medio de la tensión en LLA asoma una sola certeza: las disputas se poder se resolverán sin elecciones internas, por intervención directa de la Casa Rosada. "Somos un partido con un año de vida, como explicar que ya nos estamos matando y necesitamos una PASO", dicen allí. (Agencia DIB).

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