Sociedad
COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA PASTORAL DE LA SALUD
19 de agosto de 2026
Luego de haber reflexionado en el último Encuentro Nacional de Pastoral de la Salud sobre
el final de la vida, como pastores acercamos el siguiente llamado a la reflexión y a la oración
a todo el pueblo de Dios y a la comunidad argentina.
Desde la mirada de la fe, contemplamos la vida humana como un don inestimable recibido
de Dios, el cual estamos llamados a acoger, custodiar y amar con profundo aprecio en todas
sus etapas. Frente a los desafíos actuales, renovamos esta visión esperanzadora: la vida debe
ser cuidada siempre, pues el verdadero sentido de nuestro caminar estriba en reconocer su
valor sagrado y en acompañar con ternura y gratitud la fragilidad humana hasta su desenlace
natural.
Observamos con honda preocupación que en el ámbito legislativo se están llevando adelante
presentaciones de proyectos de ley que buscan considerar la legalización de la eutanasia
en nuestro país. Aunque aún no se ha llegado a la sanción de ninguna norma que autorice
prácticas eutanásicas, creemos imprescindible advertir con claridad sobre el riesgo que
implica considerar la eliminación de la vida humana como una solución al dolor o al
sufrimiento. La verdadera respuesta ante el sufrimiento no es provocar la muerte, sino brindar
cuidado, presencia y alivio integral.
Instamos a que se afiance la aplicación efectiva de la Ley Nacional de Cuidados Paliativos
(N. 27.678. Sancionada el 5/7/2022. Promulgada por Decreto 417/2022. Reglamentada a nivel
nacional por Decreto 311/2023) en todo el territorio argentino como camino humano al final
de la vida. La sociedad y el Estado deben priorizar el acceso equitativo a la medicina paliativa, al control del dolor y al acompañamiento interdisciplinario para los enfermos en etapa
terminal. Nunca será moralmente lícito intentar eliminar el sufrimiento eliminando al
sufriente.
Como Iglesia, reafirmamos que la persona que atraviesa un dolor existencial extremo o una
enfermedad terminal se encuentra en una situación de gran vulnerabilidad, donde su libertad
suele verse condicionada por el sufrimiento.
Por ello, seguimos comprometidos en la formación de los agentes de pastoral de la salud,
laicos y de toda persona interesada en conocer y promover la medicina paliativa, edificando
la cultura de la vida a través del acompañamiento compasivo y la escucha atenta a los
ancianos, enfermos terminales y a sus familias para erradicar la cultura del descarte que de
modo explícito o solapado siempre se opone a la dignidad humana.
De esta manera, proponemos e invitamos a todas las diócesis, parroquias, movimientos y
comunidades a que, a partir del próximo mes, fortalezcan y multipliquen los gestos concretos
de cercanía y acompañamiento a los enfermos terminales. Deseamos que esta presencia
reconfortante se haga visible tanto en los hogares como en las diversas instituciones -
hospitales, hogares, asilos, y servicios de oncología y cuidados paliativos-, pidiendo a Dios
la sabiduría para nuestros legisladores, el alivio para los padecimientos de los enfermos y la
fortaleza para cuidar y valorar toda vida.
(Salmo 71, 5.9.17-18)
Porque tú, Señor, eres mi esperanza,
mi confianza, Señor, desde mi juventud.
No me rechaces en el tiempo de la vejez,
no me abandones cuando mis fuerzas se agoten.
Dios mío, me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he anunciado tus maravillas.
Ahora que soy anciano y peino canas,
no me abandones, Dios mío,
hasta que anuncie tu poder a la presente generación,
y tus proezas a los que han de venir. Amén.
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